NO MATTER WHAT
Por Alejandro Ramírez Morón
@aleramirezve
Dicen que el amor, igual que llega, pasa. Eso es una gran verdad. A lo largo de 44 años de vida, me he enamorado una y mil veces, y así mismo un día se me ha ido al demonio el amor. Me he vuelto un tipo pragmático. Lo que me molesta, sale de mi rango de acción. Un día me casé con mi carrera, y decidí no tener esposa ni hijos. Esa fue una sabia decisión. Porque mi maleta pesa poco. Y mi poder de decisión realmente casi no tiene linderos.
Nunca me he casado, tampoco, con marca alguna. He firmado en las más prestigiosas del país, pero también he dejado de hacerlo, por esto o aquello, cuando ha sido necesario. De modo que mi oficio de periodista no está distanciado en nada del de escritor, son una sola cosa, una amalgama, y se trata de una actitud ante la vida, una manera de comprender este destierro, una forma de ocupar un lugar en este mundo.
Por eso escribo, siempre escribo. Aunque luego no me guste lo realizado. Siempre escribo. Sobre todo periodismo. Cobre o no cobre por ello. Y voy pa’lante, como el elefante, porque pa’tras decía una amante mía que espantan. Tengo un par de cojones puestos en su sitio, y si bien creo que el país cada vez va a estar peor, sigo adelante. Porque la cobardía no es mi estilo, ni quedarme paralizado ante los dolores de la vida. Tengo el corazón infectado de deudas y dolores.
Casi todo el mundo puede traicionarte. Casi todas las personas actúan desde la mala fe. De modo que el camino he dejado la candidez para los adolescentes. Y mi ser católico se ha hecho negro. No tengo pacto con el Diablo, pero nos caemos bien, y conversamos de vez en cuando. No le hago ascos a mi lado oscuro. Sigo adelante. Y no cierro los ojos ante los tonos negros de mi alma. Dicen que la música que tiene sonidos negros tiene duende, así que pese al mal, uno va bien.
Tengo plena conciencia de mi muerte. Decía Manuel Caballero que uno a los 60 años ya debe empezar a pensar en la muerte, pero en realidad yo desde los 40 la tengo muy presente siempre. Está siempre muy al lado mío. No sé si me puedo morir de un infarto hoy a medianoche, o rozar los 100 años como Convit, de modo que es como una de esas peloticas que uno aprieta para liberar el estrés. Tengo cerca mi muerte todo el tiempo, porque uno nunca sabe.
Y escribo, siempre escribo. Porque eso es lo que más me gusta hacer, y es lo que mejor hago. También soy músico, pero eso no pasa de ser un hobbie. Ni siquiera tengo un instrumento ahora mismo en casa. Apenas un cuatro cumanés que tiene una clavija averiada. Me queda la voz. Así que pongo discos y canto. Porque como ha dicho Fito Páez: cantar hace bien. Llorar también hace bien. Así que a veces también me dejo mojar la cara por una o dos gotas frías.
Uno debe resolver salga sapo, salga rana. No matter what. Anyhow. De modo que no me detengo ante nada. Ya no creo que Guaidó vaya a tumbar a Maduro. Creo que esto es un proceso estructural de largo aliento, y ni en el corto, ni en el mediano plazo, vamos a salir de este túnel. Pero pongo pies en polvorosa. Y resuelvo. Aunque bajen marcianos de la estratósfera. Para mi fallar no es una opción. Y perder nunca ha sido mi estilo. No. Para nada.
FIN

Comentarios
Publicar un comentario