EL AMOR
Por Alejandro Ramírez Morón
Dios es amor. Y, como dice Fito Páez, hoy sí que resulta “urgente amar”. Pienso en todo el horror que hemos confrontado los venezolanos, y creo que –en cierta medida- pagamos el precio de haber perdido nuestra capacidad de amar. Fuimos un país de gente alegre, solidaria y buena. Pero dimos espacio al odio como nunca antes. Nos permitimos –como país- instalar el odio entre nosotros, entre nuestros propios hermanos, y lo hicimos nuestra férrea política de marketing.
Al cierre de 2016, el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) contabilizó más de 28.000 muertes violentas. Un verdadero parte de guerra. No es que estamos entre los países más peligrosos del mundo, SOMOS EL PAÍS MÁS PELIGROSO DEL MUNDO. Y la capital de la República, nuestra desvencijada Caracas, pasó de ser la sucursal del Cielo, a ser la capital del Infierno. Esto es algo realmente horrible y espantoso. Una vaina que hiela la sangre.
La Venezuela que yo conocí, veía la Radio Rochela a las 8 pm, luego la telenovela a las 9 pm, y a las 10 pm daba cuenta del noticiero. Acá nadie comía caviar, ni bebía Möet Chandon, ni se la vivía en París, pero a nadie la faltaba su arepa con jamón y queso, su pan dulce con chocolate y chicha, a eso de las 3 pm, viendo Los Monsters o Mi Bella Genio. Este país le permitió –por ejemplo- a Andrés Galarraga saltar de un barrio como Chapellín, a lo más alto de las Grandes Ligas.
Todo esto que describo, no era sino la presencia del amor entre nosotros mismos. Ilan Chester, Franco de Vita, Yordano, Guillermo Dávila, Ricardo Montaner, marcaron una era de bellísimas canciones de amor. De la “pangola” magnífica de Guillermo Dávila (léase temas como Cada cosa en su lugar, Sólo pienso en ti, etcétera), a la trova callejera y sibarita de Yordano; piensa en canciones como A flor de piel, o Días de Junio. ¿Hoy qué escuchamos? ¿Un puñetero reguetón?
En esa Venezuela que describo, las parejas podían ir al cine, pasear tranquilamente por Sabana Grande, sólo por el placer de detenerse ante las vitrinas, los panas se reunían en casa de este o de aquel, a meterse una parrillita, un juego de dominó, una birritas bien heladas. ¿En qué momento esta oscuridad abyecta nos tomó por asalto? ¿En qué momento comenzamos a tener miedo tan arrechamente? ¿Quién nos inoculó ese veneno letal, carajo? Dan ganas de llorar a gritos.
“Urgente amar”. Sí. Eso es súper urgente. Is the only way. Sólo así volveremos a ser lo que fuimos. Coño… esto hay que verlo con claridad… No es posible que nos hayan postrado de esa manera. Que nos hayamos corrompido de una forma tan absoluta. Pero queda vida. Es cool lo que pasa con los maratones. Y creo que los estudiantes universitarios siguen siendo una fuente muy hermosa de luz, de vida, de buena vibra, de limpias sonrisas, de cosas muy bellas. Yo sí tengo fe.
Dios es amor. No tengas miedo de rezar. De confesarte. De oír misa. Incluso de hacer ayuno de vez en cuando. No dejes de leer cada día la Biblia. Y si eres judío, budista, krishna, o qué se yo, recuerda que igual Dios es amor. Como sea que lo concibas. “Urgente amar”. Pero para hoy. Para ya. Para ayer. Las guacamayas de Caracas –eso siento- nos piden a gritos que comencemos a amar.

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