LET IT FLOW



Por Alejandro Ramírez Morón

La vida está llena de bemoles. La vida está llena de problemas. Para nadie es fácil. Esta vida para nadie es un lecho de rosas. El millonario tiene billete, acaso todo el que quiere, pero a la vez tiene vacíos espirituales. El pobre tal vez tenga calor humano, salud, familia, qué se yo, pero hubiera querido tener una casa mejor, un mejor carro, algún día conocer el Museo del Prado. Por lo tanto: LET IT FLOW. Hay que confiar. En Dios, en uno mismo, en el Universo. No sé.

Una persona tiene que creer en algo o en alguien. La gente que no tiene fe, en lo que sea, suele ser gente desangelada, triste y vacía. Algunos llegan a rozar una frialdad de corazón verdaderamente pasmosa. Pero uno tiene que saber que la vida es dura, que el camino siempre va a estar infectado de espinas. No puedes amar la rosa, y odiar la espina. Esta vida viene con lo bueno y con lo malo. Toca hacer una cosa y otra.

Yo, en lo personal, he encontrado una buena actitud en eso de dejarlo fluir. A veces, uno mismo no entiende lo que está haciendo, ni por qué lo hace, ni por que pasan ciertas cosas. Pero es una tontería querer entenderlo todo, querer abarcarlo todo. Somos miserables seres humanos, miserables pecadores, una cosa muy pequeña al lado de la grandeza infinita de Dios. Luego, toca ser humildes. Saber que es muy poco lo que, en realidad, controlamos.

Yo creo firmemente en el Management. X&Y. Cada día es un puñado limitado de oportunidades, que uno debe optimizar, con astucia e inteligencia. Uno puede optar por las actitudes acomodaticias, mediocres, tontamente burguesas, y ponerse un par de pantuflas. O puede optar por luchar. LA VIDA ES LUCHA. Así me gusta entenderlo a mí. Entre una cosa y otra, confío, lo dejo fluir, trato de vibrar bien. El equipo gana. That’s 4 sure.

Cuando uno tiene 20 años, se quiere comer al mundo, quiere correr antes de caminar, volar antes de correr, uno no sabe lo que es la paciencia, el trabajo franciscano, de hormiga, meticuloso y dedicado. Alguien dijo que “Dios está en los detalles”. Y eso es una gran verdad. Eso es una verdad como un templo. Leí hace poco por ahí que seremos juzgados especialmente por las pequeñas cosas. Luego, a veces no es cosa de escribir “La Guerra y la Paz”. Los pequeños detalles.

A menudo, la felicidad no depende tanto de las cosas que hacemos, como de las que dejamos de hacer. Dicen que llamar al Diablo es fácil; lo jodido es verlo llegar. Ergo, si no vas a escribir “La Guerra y la Paz”, al menos trata de no llamar al Diablo, de no comprar problemas. STULTITIA EST PECCATUM. La idea es de Santo Tomás de Aquino, y figura en la Suma Teológica. El latinajo traduce esto al castellano: “La necedad es pecado”.

Y dice Fernando Savater, no recuerdo en cuál de sus libros (creo que es en “Las razones del antimilitarismo y otras razones”), que –sin duda- hay una necedad pecaminosa: la que puede evitarse. Por lo tanto, hay que tener una cosa clara. No todo el mundo es genio, no todo el mundo es santo. Pero basta con ser una persona inteligente para alcanzar una plena felicidad. Para hacer de la vida algo provechoso, algo hermoso, una historia digna de ser contada.


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