LIFE IS MANAGEMENT
Por Alejandro Ramírez Morón
@aleramirezve
Life is management. Uno puede gerenciar una empresa. Uno puede gerenciar un país. Uno puede gerenciar una ONG. Pero también puede gerenciar su propia vida. Ese es mi caso. Más de una década como reportero de negocios, me hizo aprender una gran cantidad de cosas. Y sencillamente las comencé a aplicar en esta empresa que es mi vida.
Un hombre tiene pantalones, corazón, sentimientos, neuronas, hormonas, etcétera. Un hombre tiene un cuerpo y un alma. Todo eso hace parte del management de la propia vida. Para mí una pieza clave es la oración, católico como soy. Especialmente el Santo Rosario. Luego tengo un ramillete de oraciones que complementan. Pero creo lo que Santa Teresa: si uno hace la oración, que es lo más importante, no dejará de hacer todo lo demás.
La economía de Venezuela es árida como nunca antes lo fue. También las condiciones del entorno político y social. La música me ayuda mucho a soportar ese peso inmenso que es sobrellevar la propia existencia en medios del caos, de la miseria, de una generalización de la mala maña como norma. Oigo mucha salsa brava, mucho Lavoe, mucho rock, jazz, música clásica, chill out, trip hop, y –por qué- aquella pangola magnífica de los 80’s que era Guillermo Dávila.
Luego soy un hombre de ritos. El baño cotidiano, así sea con taparita, la rasurada, el desodorante, el corte de pelo que no puede faltar (un día dejé de comprender a la gente que lleva el pelo largo). Fumo mucho, eso sí, y eso sé que está muy mal. Este año he sido bastante perezoso, pero suelo caminar mucho, hacer flexiones y abdominales, estiramientos, entre otros.
Y escribo mucho. Sobre todo periodismo. Aunque el mercado ahora sea mucho más pequeño, y las oportunidades sean muchas menos. No abandono la narrativa, la poesía, y ciertas reflexiones, como estas, como las del Señor Matanza Project.
Por otra parte, no me gusta vivir en el desorden, y –dentro de los cánones de la sana higiene mental- mi cuarto siempre está más o menos arreglado, paso una escoba, un coleto, limpio el altar, el escritorio, la biblioteca, y así. Si uno se detiene en los pocos párrafos que están más arriba se podrá cuenta de la cantidad inmensa de cosas que implica gerenciar no una empresa, ni un país, sino una simple vida.
Y me doy pequeños gustos. Unos traguitos una vez por mes, el café con tabaco, las duchas de agua helada, la lectura de a trocitos. Duermo completo. Duermo toda la noche. Y a veces siento que un tren me pasa por encima. Lo que está pasando en Venezuela no es conchita de ajo. No en balde tanta gente se ha ido de forma desesperada. Yo escogí quedarme en Venezuela. Y gerenciar mi vida en medio de este nonsense implica mucha disciplina, mucho self control, mucha táctica, mucha estrategia, y a veces meterle el pecho a la calle. Al Metro de Caracas.
Pero vale la pena. Porque como dice Juan Luis Guerra, “todo tiene su hora”, y de nada vale ser impaciente, porque cada día es un regalo del Señor. Y los días radiantes que hoy gobiernan a Caracas, nos dicen que Dios está. Sólo espera que le toquemos la puerta. Dale. No te lo pienses dos veces. Ya yo lo hice. Y se siente muy bien. Estoy en sus manos, confío, hago mucha oración, y, claro, hago mi pequeña parte de la tarea. Life is management. Management is life. Y cuando ya pasas de los 40, eres perro viejo, pero sigues siendo joven. De modo que confía. LET IT FLOW.
FIN

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