Ama y haz lo que quieras
Por Alejandro Ramírez Morón
@aleramirezve
La vida es dura. Cuando uno tiene 20 años no alcanza a imaginar todo lo que viene. Yo cumplo este año 45 años, y, claro, me ha tocado sentar cabeza. La vida es dura. Pero la vida también está llena de cosas bellas. Las penas y el dolor son inevitables, pero hay que hacer el mayor esfuerzo para que valgan la pena. Si no, serás una persona infeliz. Yo soy católico, pero creo mucho en la magia, en el charm, en el savoir faire. Creo que en esta vida la actitud lo es todo.
La revolución comunista que pisotea a Venezuela ha significado un retroceso a modelos de pensamiento anticuados y retrógrados. Se ha impuesto la ley del guapo de barrio. De modo que ser poeta, músico de rock, artista y libre pensador tal vez venga mejor en otras latitudes. Pero no. Ahora es cuando más hace falta que “el arte ataque”, como decía el flaco Spinetta. Por eso me mantengo escribiendo periodismo y literatura. Por eso mi actitud es la de un rebelde.
Ahora mismo estoy oyendo un playlist de Mick Jagger. Suena en mi stereo la canción “Sweet Thing”. Y siento el Groove de los metales. La voz guerrera de Jagger. Siento en la piel el olor de un espíritu adolescente. Hace poco entrevistaba a un gran intelectual, quien me decía que para él Caracas no está muerta, sino malherida. Bueno, nos toca ser los curanderos del alma. Un café negro, un poco de tabaco, la lectura cotidiana, los ritos que nos hacen felices.
Resistir a la barbarie, para un artista, implica vivir sumergido en su propio caos, para que de allí nazca la creación. Mantener el corazón latiendo. Mantener las venas cargadas de pólvora y estrellas. Un traguito de vez en cuando. No comerse las cantidades ingentes de mierda que circulan en las redes sociales. En cierta medida, la resistencia implicó para mí ser rara avis. Un weirdo. Un bicho raro. La excepción a la norma.
Y Cristo. La presencia de mi flaco cada día. En cada Rosario, en cada oración meditada, en cada acto de amor pequeño e insignificante. Dormir completo. No usar sustancias. Sentar cabeza, pues. Para mí emigrar no es una opción, en cierta medida porque ya estoy viejo para ello, y en cierta medida porque acá tengo una vida, porque no quiero abandonar el barco. Que se vayan ellos. Una vuelta a mentalidades milicas, a un gorilato, esto ha sido lo que ha implicado el chavismo.
Ama y haz lo que quieras, decía San Agustín. Falta definir qué entendemos por amar. Dios es amor. Y yo, de momento, amo estar vivo. Amo luchar. Amor competir y ganar. Amo el aprendizaje que me ha dejado cada derrota. Y quiero vivir 100 años. Pero que sean de libertad, 100 años de libertad, no de soledad, como dijo Gabo. Para eso hay que tener cojones. Para eso hay que tener la mente siempre limpia. El corazón siempre brillante. Extraviarse en el mar de la belleza. No tener miedo de caerse y levantarse. De pegarse duro y –pese a ello- seguir adelante.
FIN

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